Creatividad fúnebre: el entierro de la sardina. ¿Cómo lo viven los niños?.

Acabado el carnaval, toca enterrar la sardina, una tradición puramente hispana que se había perdido en determinadas regiones y que se está volviendo a recuperar con grandes dosis de creatividad.

Para los que no conozcan esta costumbre, se trata de un divertido cortejo fúnebre, tremendamente teatralizado, en el que el muerto es una gran sardina de papel, cartón o cualquier otro material maleable (y, esperemos, biodegradable) que va en procesión hasta el lugar del entierro o incineración, dependiendo de dónde se celebre. Tiene lugar el llamado Miércoles de Ceniza, día en el que arranca la cuaresma para los cristianos, una época de recogimiento, sacrificio y ayuno que finaliza el último día de la Semana Santa, con la celebración de la resurrección de Jesucristo.

Religiones aparte, el entierro de la sardina simboliza el fin de la locura que desata el carnaval y la vuelta a la normalidad con fuerzas renovadas. Un concepto que puede llegar a ser muy complicado para los más pequeños. Sin embargo, es frecuente ver en los patios de los colegios cortejos fúnebres en memoria del simpar pescadito, que suele elaborarse entre todos los alumnos a lo largo del día lectivo.

Entre las actividades realizadas en este peculiar día, nos ha gustado especialmente una que nos han contado varios colegios de Madrid. Cada niño pinta una escama del color que quiera, y apunta en uno de sus lados una cosa mala que le gustaría que desapareciese para siempre (ideas similares a la violencia, la guerra, el hambre, las enfermedades, etc.) y la pegan en el armazón de la gran sardina que más tarde se enterrará.

No se puede decir que sea el mismo concepto, aunque sí una buena manera de hacerles discernir entre el bien y el mal y mostrarles que está en sus manos el cambiar el mundo, ya que junto con la sardina también dejamos atrás todo aquello que nos hace peores personas, que a partir de entonces sólo toca portarse bien… aunque a algunos parece que les cuesta entenderlo.

Y los niños, ¿qué opinan?

Ya sabéis que nos gusta preguntarles a los niños para que ellos nos den su inocente versión de los hechos. ¡Qué mejor ocasión! Y hemos recogido reacciones peculiares y enternecedoras, como la de Nico (5 años), que al meditar sobre el significado del entierro de la sardina se puso un poco triste, pensando en el pobre pez que se había muerto.

Algo parecido a lo que salió de Martín (5 años), que imagina a un montón de pequeñas sardinas despidiéndose de su amiga bajo el mar, sin vincularlo en ningún momento al carnaval.

Martin

Una sardina acompañada por todas sus amigas en su habitad natural, el mar.

Por su parte, Dani (6 años) nos contó con orgullo que él ya ha estado en dos entierros de este tipo y que se hacen para que los muertos puedan hablar y comer pescado, ya que debajo de la tierra no hay peces. Aunque, en su dibujo, sólo nos mostró a la feliz sardina antes de su fatídica hora.

Dani

Nos encanta esta sardina feliz.

Mucho más acertada ha estado la pequeña Alba (5 años), que nos ha enviado tres imágenes explicando su percepción. En el primer dibujo, los niños del cole llevan en una especie de camastro a una sardina multicolor que viene de celebrar el carnaval. La pobre no sabe lo que le espera, porque en el segundo dibujo, los niños que la transportan la lanzan al fuego con camastro incluido. Finalmente, lo poco que queda de ella se mete en un agujero y se deja bien tapado para que no se la vea.

Storyboard del entierro de la sardina realizado por una niña de 5 años.

Una secuencia que nos cuenta con detalle la historia de tan famosa sardina.

¿Sabías qué…?

Los orígenes de esta costumbre no están muy claros, aunque varios etnólogos e historiadores opinan que surge de un equívoco fonético: antiguamente las comunidades celebraban el final del carnaval comiendo en comunidad un cerdo (o cerdina), último festín antes de la austera cuaresma, cuyos restos terminaban enterrándose. También se recuerda en Madrid un final de carnaval en el siglo XVIII, en el que Carlos III compró un gran cargamento de pescado para invitar a los madrileños un Miércoles de Ceniza a unirse a la tradición cristiana de no comer carne durante la cuaresma. Pero el pescado estaba en mal estado y tuvo que enterrarse (teóricamente) en la Casa de Campo, lugar donde la Alegre Cofradía del Entierro de la Sardina despide al ‘pescado’ madrileño. En su web podréis ampliar la historia y también ver todos los féretros que se han diseñado desde 1967, algunos de ellos inspirados en el cuadro que Goya dedicó a esta celebración en 1812.

Cuadro de Goya. El entierro de la sardina.

Goya fue uno de los primeros en retratar el ambiente del entierro de la sardina.

¿Cuál es vuestra percepción de esta singular costumbre? ¿Os gusta participar en ella? ¿Creéis que puede resultar triste, deprimente o, incluso, sádica de cara a los más pequeños de la casa? ¿O quizás una forma sencilla y asumible de abordar un tema complicado como es el de la muerte? Dadnos vuestra opinión.


Tags:  Carnaval Dibujos creativos Educación

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